viernes, 26 de diciembre de 2008

¿Por qué no te callas?

Fue el 23 de diciembre saliendo a las ocho de la mañana de casa para ir a Madrid, cuando comenzó la aventura y odisea. Todos íbamos como zombies: Yaguito se peinaba mirándose en el espejo con los ojos cerrados, Mamá y papá, pegaban sorbos de café mientras miraban atolondrados el reloj de pared en la cocina; Rubén… simplemente Rubén, y yo, miraba- sin mirar- el contenido de mi armario para ver qué me ponía.
El frío de la mañana no era muy amenazante, en Alicante nunca lo es, y la mañana se presentó muy clara. Fue cuando bajamos del avión, en Barajas, cuando descubrimos que el frío en Madrid era escalofriante- cogí un resfriado de narices (nunca mejor dicho).
Las vísperas de Noche Buena estuvieron bien. Después de varios intentos para llegar a las estaciones de metro correctas- es que somos de pueblo y no estamos acostumbrados- Llegamos al centro de Madrid “¿Y qué te ha parecido Madrid, Rubén?” “Hombre… el metro muy bonito, la verdad”
Pero no… al final pudimos dar con lo que quisimos y el centro de Madrid nos pareció chulísisisimo. Por lo menos a mí. Es mi lugar ideal para vivir en España. Lo tienes todo. (TIENDAS XD), y hay mucha gente transitando, que en comparación con este pueblucho de aquí- sin modos despectivos- parece que tiene vida…
Por la noche dormimos en el piso que mamá tiene alquilado en Barajas para esto de los viajes, y después de una noche durmiendo con Rubén, atizándome patadas con su calcetín maloliente en toda la nariz, tanto que por poco me la rompe, nos dirigimos de nuevo al aeropuerto para el viaje de verdad- Express al fin y al cabo.
Facturación, control de policía, pasaportes, D.N.I, zapatos y cinturones fuera y todas estas advertencias en cartelitos como: “ballestas no, gracias” nos adentramos en aquel MD enooorme… (Creo que se llama así el avión) y nos colocaron en la clase Bussines- preferente- donde Yago se perdía entre tanto asiento y tantas cosas para hacer. Y por fin, el avión aterrizó. Ocho horas y media con el culo chafado, viendo películas en tu pantalla táctil individual y personal y alguna que otra copa de cava y champagne con zumo de naranja, y azafatas haciéndote la pelota todo el día y sonriéndote SIEMPRE, tanto, que parece que lleven dos pinzas en las mejillas para que no cesen de sonreír. Todo eso más un aterrizaje forzoso…. Que noooo, no hubo ningún peligro, el aterrizaje fue rápido y el avión apenas se tambaleó. Desde la ventana, a mucha altura, se observaba el paisaje, era precioso. No había playas, sino enormes montañas verdes pobladas, que desembocaban en preciosos acantilados en medio del océano atlántico.
Ya habíamos llegado a Venezuela, Caracas.: soleada, de verano.
Mamá no era la única que había llevado a su familia- es que nuestra madre pertenecía a la tripulación del avión- sino que varios compañeros más trajeron a sus hijas y maridos; hasta el comandante- por cierto, tenía una familia de pijos que “no sabían si subían o bajaban” señala Rubén, que está aquí sentado conmigo. En fin. Una hija mayor cursando tercero de carrera de Derecho y algo más que no recuerdo qué era. El hijo mediano, cursando primero de carrera Derecho y periodismo, y la niñita de 12 años, que hablaba como una vieja, cursaba 1º de la ESO y es que… “Osea que fuerte, un ocho me parece poquísima nota” ¡Coño, si son peores que yo con esto de los resultados académicos!
Llegamos al hotel con un minibus y yo mientras, le echaba fotos a las colinas cubiertas de casitas pequeñas de colores “Laura, ¿¿te refieres a las chabolas??” Pues sí, era sorprendente la cantidad de chabolas- lo siento por la palabra, es que la detesto- donde la gente vivía, si aquello se podía calificar de vivienda.
Las cosas allí no son como las de aquí. Hay mucha diferencia. Por ejemplo, ¿Cuándo has visto aquí, mientras vas en coche, cada 200 metros unas cabinas con varios tíos sujetando metralletas? Pues no todos los días, la verdad. Todo era confuso. Los coches no tenían matrículas- sólo algunos, y no eran la mayoría; el tráfico era caótico, la polución estaba impregnada en cada acera de la ciudad, edificio, moto, en todas las cosas… en el aire húmedo y cálido.
Una cosa curiosa que señalaron mis hermanos mientras observaban desde la ventana del minibus, fue ‘tres en un burro’, es decir, una vespino- no sé cómo se escribe ni tengo ganas de buscarlo- que transportaba a dos personas y un policía- es que allí los polis no están considerados personas, son demasiado corruptos. Lo mejor, es que el policía era el que iba conduciendo…
Además, a todas horas te encontrabas ‘señales de tráfico’ como: DROGAS NO. Y no sabemos a que venía un cartel de drogas en medio de una carretera.
El hotel era, en comparación con toda la ciudad, lo mejor de Caracas. Cinco estrellas,- gratis, no penséis que somos adinerados muajajaja, que estaba al cargo de iberia- con piscina, gimnasio, salas de juego, y otras tantas que parecían palacios de lo grande que eran y algunas ni si quiera las descubrimos. Aunque el servicio del ascensor era algo malo porque no nos entendíamos con las tarjetas para poder subir a la habitación y muchas veces teníamos que recurrir al personal del hotel.
En fin. Ya era 24 de diciembre, cuatro y media de la tarde en Venezuela y cinco horas y media más en España- lo de y media porque a nuestro querido amigo Chávez le apetece tocar los cohones xD.
Tendríamos que haber ido a mandarle callar, como hizo el Rey. “Que soy Republicano, Lau, quita esoo” – dejarlo en paz, mi hermano no tiene ni idea de ideologías. “No sé, es que suena bien lo de Republicano, no Laura?” Antes de la cena de Noche buena nos pegamos un bañito bueno solo mis hermanos yo toqué el agua y no quise bañarme.
La cena de Noche Buena era buena. Un befette libre que no sabíamos si empezar por la izquierda o por la derecha, sur, norte… al final dije ni pa uno ni pa otro empiezo por el centro.
Y los postres era grrrrr… no sabría explicarlo, era como si tu abuela estuviese de buen humor y te preparase unas tartas para el día de tu cumpleaños…. pues igual, solo que en vez de una o dos que te hubiera hecho tu abuela allí habían 20 o 30 postres distintos que decían, ‘cómeme, cómeme’ Y empleabas a tu gusto la típica frase de tu abu: ‘cóme mujer, que estás en los huesos’ Pero luego también te sentías muy llena y decías, ya lo quemaré en el gimnasio, pero ni gimnasio ni nada, toas las calorías se acumularon al sol a la mañana siguiente…
Después de cenar nos quedamos un rato más que todos y nos quedamos hablando con la familia pija bueno solo con dos de sus miembros, la hija mayor y el hijo mayor la de 12 años se fue: “¡¡Osea tengo que estudiar!!”
Y los otros dos hermanos estaban en la mesa hablando con nosotros. Según el hijo mayor, él mismo se consideraba un vago en los estudios y que pasaba y luego las 8 horas del vuelo se las tiró estudiando como un poseso- vamos, rebelde de escaparate.
Y nos quedamos hasta las 11:30 que aquí serian las 4:00 aproximadamente y nos levantamos a las 8:00 que aquí serian las 12:00 más o menos.
Después de estar vestidos, lavados, peinados…
Fuimos hacia la luz, bueno el desayuno. De nuevo empecé por el centro y madre mía había bollos de todas clases, fruta, salchichas, huevos, tortillas, chocolate…. Mmmmm
Después, nos dirigimos a la piscina para bañarnos y el agua estaba bien, ni fría ni caliente y sol brillaba, y las palmeras a los lados, las colinas enfrente de la hamaca… parecía el paraíso. Y no, no salimos del hotel porque... 'era peligroso' o eso eslo que nos decía todo el mundo. Yo iba dispuesta a la aventura... :-(
Y con esto, 23 horas en Caracas, más de 48 en los aeropuertos, vuelta a España…




mas fotos, otro día.. tengo que irmeeeee


1 comentario:

IsabeeL ii MaRiaa dijo...

Holaa!! (:
Somos Isabel y Mariiaa qe nos emoos copiiao y como nos aburriamos nos emos hecho un blog..!!
Os emos puesto en nuestro blog jeje
aDiioos..!! :)

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