lunes, 29 de septiembre de 2008

Una odisea en familia (parte 3)

(...)-Encantados- rompió papá el silencio.- Tendremos compañía.. ¡Que bien!
-¿Queréis pasar una agradable cena con mi humilde familia?- dijo Casimiro Miano
-Nooooo, bueno quiero decir que ya tenemos la cena hecha, gracias, pero no.-dijo papá
- Pero cariño, no tengo hecho nada de cenar.- dijo inocente mamá.
- Bueno está bien- accedió tras unos segundos.
-Vamos que se enfría.
La comida estaba deliciosa, y cuando todos estábamos llenos, decidimos hacer una pequeña hoguera entre nuestros camping y contar alguna que otra historia; ya sabéis lo típico. Yago haciendo el mono, Rubén contando anécdotas del instituto, papá hablando de temas que “apaga la luz y vámonos” y bueno, mamá hablando sobre la antigüedad de las murallas: “Es que son viejas, viejas eh??”
Pero lo mejor vino cuando a Benito Camela decidió contar la leyenda del lago.
Todos nos sentamos alrededor del cálido fuego a escuchar la intrigante historia. “Cuenta la leyenda- comenzó el señor- que desde hace muchos siglos, este lago existía ya. Todo era perfecto: los innumerables animalillos vivían en este condado en armonía junto a los humanos, (hablamos del siglo VII). Hasta que un día, al gran Nigromante Sarino, le dio por criar huevos de dragón exportados desde Letonia. La gente sospechaba cosas, pero no se pudieron hacer firmes hasta que el primer dragón nació. Diminuto e indefenso, creció solitario, alimentándose savia de los árboles. Cuando se hizo mayor, las dimensiones del dragón eran exponenciales, y comenzó a arrasar a todo el bosque de la comarca. Comía humanos, aba a peces… Se creó un caos que parecía condenar al abismo a todos los habitantes. Un día, ya enfadados, los aldeanos decidieron matar al dragón, y juntos se unieron para lanzarle flechas con el arco. El dragón tardó en morir, pero allí yació su cuerpo inerte tras varias horas de lucha. Pero ahí no acaba la cosa, se dice que el alma del dragón todavía vaga por estas secuaces aguas y por este bosque, la oscuridad de la noche lo resucita y vuelve ansioso de comida y con mucha sed de venganza; es más, hay gente que dice que Sarino, el nigromante nunca murió y que espera a la llegada de su dragón cada noche…”
Todos teníamos la piel de gallina. (...)

Laura Martínez.

No hay comentarios:

Datos personales