lunes, 22 de septiembre de 2008

Una odisea en familia (parte 2)


Sonaba un tema de Alejandro Sanz en la radio del coche.
-Estarás contenta- señaló Yago a mamá, y está sonrió tontamente.
“Dios, perdónala porque no sabe lo que escucha” murmuré sin que pudiera escucharme.
El viaje se hizo algo largo, y más con la cara de buen humor que todos llevábamos- irónico, irónico- Los únicos que parecían alegres de su labor eran papá y mamá.
La verdad que yo creo que era más la costumbre de quejarse que las pocas ganas de ir, porque, sinceramente, a todos nos impresionó el hermoso paraje natural que nos aguardaba tras salir del coche.
Aparcamos cerca del bosque, y después de sacar todos los cachivaches del maletero, nos adentramos en él, y buscamos un sitio en el que acampar.
Papá decidió hacerlo cerca del lago, pero a unos metros alejado. Ya que podríamos mojarnos por la humedad de la orilla.
Era precioso. Un lago tranquilo y verde. Parecía de verdad una quimera, un ensueño hecho realidad… un cuento de fantasía.
- ¿Qué os había dicho?- papá parecía sentirse orgulloso, pero éramos cabezotas a más no poder, así es que seguimos negando que nos gustaba.
-Esto está super todo lleno de piedras!
-Laura hija, no seas pija…- Rubén me miró avergonzado.
- Jolines, no nos hemos traído la game boy.- yago iba a lo suyo.
-No necesitas la maquinita en este lugar. Haremos excursiones nocturnas, y nos bañaremos en el lago, y por la mañana veremos los animalillos…
-¡Si, y nos vestiremos de boy escaut!- gritó Rubén insolente- no te fastidia.

Tras el trajín de preparar el camping y poner todo en orden, la noche se nos cayó encima.
El cabreo ya se nos había pasado, pero aún así, cuando nos preguntaban qué tal nos lo estábamos pasando, nosotros contestábamos que nos lo hubiéramos pasado mejor en el pueblo con los amigos.
La aventura comenzó esa misma noche, cuando conocimos a la familia Marí.
Se presentaron con una autocaravana en medio de aquel bosque, y nos preguntamos muchas veces cómo narices pudieron entrar en su estrechez.
Curiosos, todos nosotros miramos cómo acampaban al lado nuestro.
-Mira, tenemos vecinos- se percató el padre de la familia.
-Vayamos a saludar- dijo contenta la madre.- Podríamos presentarnos con los brownys que hice esta mañana.
Y así fue. Era una familia de lo más rara, y vinieron con un platito de delicioso bizcocho para presentarse.
-Hola, yo soy Benito Camela. Me agrada que seamos vecinos.
Todos poseían una ingente sonrisa, con unos dientes blancos y perfectos.
- Y esta es mi esposa Lesli Ana; y mis hijos: el pequeño Casimiro Miano, y nuestra querida Sue Miano. Es que somos de descendencia italiana...
Fueron unas miradas automáticas entre nosotros. Yo mirando a papá, papá mirando a mamá, ella mirando a Rubén, él a yago, y yago… bueno, él mirando fijamente las tetas de la hija. (...)
Laura Martínez.

Datos personales